“El estudio no se mide por el número de páginas
leídas
en una noche, ni por la cantidad de libros
leídos en un semestre. Estudiar no
es un acto
de consumir ideas sino de crearlas y recrearlas”.
Paulo Freire
El
aprendizaje experiencial está cobrando especial importancia en los últimos
años, lo que puede entenderse teniendo en cuenta las actuales tendencias
educativas y las demandas sociales.
En un entorno rápidamente
cambiante debido al nivel de progreso alcanzado, en el que cada día se amplían
los límites del conocimiento en las distintas disciplinas a través de la
investigación, y donde los nuevos avances se difunden fácilmente gracias a las
actuales tecnologías de la información y la comunicación, es lógico que
evolucionen las necesidades formativas y el perfil profesional exigido,
necesarios para desenvolverse satisfactoriamente en estas circunstancias.
Además, la posibilidad de acceso a numerosas bases
de datos y fuentes de información a través de un simple clic de ratón, exige
individuos capaces de gestionar adecuadamente estos recursos y utilizarlos de
acuerdo a sus necesidades. Para ello, han de poseer las destrezas y criterios
que les permitan discriminar la información relevante de la accesoria o
prescindible, y más aún, la rigurosa, de aquella proveniente de fuentes poco
fiables.
De este análisis se desprende fácilmente que, la
capacidad de análisis crítico y de aplicación del conocimiento ocupan un lugar
predominante sobre la mera adquisición de conceptos teóricos. Por ello, se hace
más necesario que nunca revisar las pedagogías y metodologías didácticas
empleadas, de modo que no estén enfocadas a la transmisión de información, sino
a la promoción de competencias en los individuos.
Una de las competencias más ampliamente demandada
en el contexto actual, es la relacionada con la habilidad de aprender de forma
autónoma. Esta competencia garantiza que el sujeto sea capaz de responder a una
sociedad rápidamente cambiante, a través de un aprendizaje continuado a lo
largo de toda su vida. La necesidad de promover este enfoque queda reflejada en
el memorandum sobre aprendizaje a lo largo de toda la vida, elaborado en el año
2000 por la Comisión Europea, (A Memorandum on Lifelong Learning). La capacidad
de aprender a aprender exige la habilidad para aprovechar todos nuestros
sentidos (vista, oído, olfato, tacto, gusto) y nuestra interacción con el
medio, para construir conocimiento. Esta habilidad se maximiza si sabemos
emplear el potencial de todos los estímulos físicos que recibimos, junto con
nuestra inteligencia matemática y lingüística, para aprender. Desde esa
perspectiva, muchos autores defienden el valor del aprendizaje experiencial
para promover la capacidad de aprender a aprender (Department for Education and
Skills, 2006).
Más aún, el aprendizaje experiencial ofrece una
oportunidad única para conectar la teoría y la práctica. Cuando el alumnado se
enfrenta al desafío de responder a un amplio abanico de situaciones reales, se
consolida en él un conocimiento significativo, contextualizado, trasferible y
funcional y se fomenta su capacidad de aplicar lo aprendido.
Los aspectos brevemente comentados, junto con el
creciente interés por buscar nuevas formas de enseñar y de aprender, justifican
plenamente la adopción de la metodología del aprendizaje experiencial para
abordar la temática de nuestra asignatura.
Para conocerla más afondo, los invito a leer el siguiente
texto que encontrarán en esta dirección: http://www.ecominga.uqam.ca/PDF/BIBLIOGRAPHIE/GUIDE_LECTURE_5/1/3.Gomez_Pawelek.pdf
Hasta pronto.
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